Skip to content

«No teníamos qué comer» – A los 12 años deja su país buscando una mejor vida

Oscar es un niño flaco con ojos grandes, solo tiene 12 años. Es originario de Guatemala y, desde muy joven, tuvo que afrontar el arrepentimiento de despedirse de su madre para quedar completamente solo, expuesto a miles de peligros en el camino hacia Estados Unidos.

 

Afortunadamente, el pequeño llegó al estado de Texas, cruzando la frontera entre Estados Unidos y México en un bote conducido por personas dedicadas al contrabando de personas.

Oscar llegó a su país de destino lleno de lágrimas y con mucho miedo.

A su llegada, confesó a las autoridades de inmigración que había viajado solo, recordando solo las últimas palabras que le dijo su madre. “Vine porque no teníamos nada para comer. Mi madre me dijo que no llorara, pero lloré ”, dice el niño.

Este valiente niño es hijo de una madre soltera que, como muchas en su país, ha perdido su trabajo debido a la pandemia de coronavirus.

La pobreza en el hogar de la familia Oscar se hizo tan grande que incluso tuvieron que afrontar días sin tener que comer.

Para llegar a Estados Unidos, Oscar tuvo que enfrentar lo que él define como la peor experiencia que ha tenido: tener que viajar durante 12 horas en un enorme autobús de carga, lleno de otros migrantes, sin acceso a alimentos, con agua y sin espacio. para satisfacer sus necesidades biológicas.

En medio del miedo inminente que se apoderó de este niño, fue apoyado por un amigo inesperado que lo motivó en su camino para seguir adelante y garantizarle que podría acceder a una vida mejor lejos de la pobreza.

Me decia  que no me diera por vencido

 Y también me dijo que allá iba yo a tener una mejor vida”, dijo Oscar.

Pasar tanto tiempo dentro del autobús, en condiciones y temperaturas tan extremas en el camino, provocó que tanto los migrantes como Oscar se deshidrataran severamente, desmayándose, hasta que finalmente fueron ayudados por las personas contratadas para transportarlos.

Ahora, Oscar sueña con poder reencontrarse con su tío, ir a la escuela y sobre todo poder asegurar que su amada madre también pueda salir de Guatemala para estar a su lado.

Los deseos de Oscar, así como los de los 20 niños que llegaron solos en el mismo autobús que él, se hagan realidad y que consigan encontrar las oportunidades que tanto merecen.