

¿Cuántas veces viste a tu hijo o te avisaron de la escuela que mordió, pateó o le pegó a otro niño con el que se encontraba conviviendo? Quizás fue una o más ocasiones, debido a que esta clase de conductas agresivas suelen presentarse entre el primero y el tercer año de edad.
Cuando los niños entran a la etapa de toddlers se están dando cuenta que son individuos, o sea, tienen la posibilidad de expresar lo que sienten, lo que les agrada y lo que les enoja, pero todavía no tienen la capacidad de autorregularse.
Además, todavía no comprenden completamente las reglas sociales, no han creado el lenguaje ni las capacidades para la resolución de conflictos, y lo más relevante, todavía no comprenden cómo sus acciones tienen la posibilidad de perjudicar a los otros. Las emociones prevalecen sobre sus capacidades de pensamiento.
Las formas de proceder agresivas (empujones, mordidas, rasguños, patadas o manotazos) son su forma de liberar la energía generada por las emociones cuando las cosas no son como a ellos les agradaría (que de hecho en los toddlers es muy seguido), o porque algo les molesta, o porque se sienten, abrumados, sobreestimulados o cansados.
¡SÉ SU GUÍA EN LAS EMOCIONES!
Para ayudarle a tu hijo a comprender el mundo que lo rodea y de esta forma reducir estas formas de proceder necesitas de mucha paciencia y tiempo. Ten en cuenta que además está aprendiendo de ti al notar cómo manejas tus emociones.
Por eso antes de reaccionar de manera explosiva frente a la conducta agresiva de tu hijo, mantén la tranquilidad, respira profundamente si es necesario.
Mientras te regulas, lo primero que hay que hacer es comprender qué está comunicando la conducta: pegó porque está enojado o emocionado. En función a lo que busca comunicar pon un límite claro, constante con una voz neutral.
Luego dale una opción para expresar su enojo o desilusión siempre sabiendo lo que buscaba expresar, ya que no será la misma opción cuando le pegó al perro porque quería jugar con él, que cuando te pegó a ti porque no accediste a darle otra galleta.
Además cuida que tu hijo tenga cubiertas todas sus necesidades, dado que el hambre, el sueño o el cansancio tienen la posibilidad de beneficiar estas conductas agresivas.
Por último ten en cuenta que lo que ves en tu peque es su mejor versión: no es un pequeño malo ni agresivo sino un niño que está en proceso de aprender a regularse.
Fuente: Zero to Three
Revisado por Karen Zaltzman, pedagoga experto en crianza.