

Los divorcios no son cosa fácil, especialmente cuando hay hijos de por medio.
Muchas parejas se casan con muchas ilusiones y con la intención de formar una familia feliz y para toda la vida. Sin embargo, puede suceder que al final, la relación no resulte para nada como lo esperaban y tomen la difícil decisión de separarse.
En los últimos tiempos, cada vez más parejas deciden divorciarse cuando su matrimonio ya no funciona, pues la sociedad entendió que esto es lo más sano para todos los involucrados. Sin embargo, esto se complica un poco cuando la pareja ha tenido hijos. Muchas personas se niegan al divorcio cuando tienen hijos, pues consideran que la familia es sagrada y los pequeños deberían crecer en un hogar conformado por sus padres.

Lo cierto es que en un proceso de divorcio de una familia con hijos, lo más importante siempre será el bienestar de ellos. Los intereses de los hijos están por encima de los intereses personales de los padres. Los niños merecen crecer en un ambiente sano, lleno de amor, comprensión y ternura. Es por eso que mantenerse en términos amistosos aún después de la separación es lo mejor para ellos.
Quienes crecieron con padres divorciados y luego se convirtieron en padres, saben lo difícil que es sobrellevar la situación y no quieren someter a sus hijos a lo mismo. A veces, la pareja trata de salvar la relación a toda costa para mantenerse unidos y poder darle un buen ejemplo a sus hijos; pero por más que lo intenten, ya no funciona ni funcionará más.
Entonces, ¿Qué clase de ejemplo se le da a los hijos cuando permaneces con una persona con la que ya no eres feliz?

No tiene caso aparentar una relación perfecta pues al final, lo que en realidad le estás enseñando a tus hijos es a quedarte en un hogar para mantener las apariencias. Porque aunque no lo creas, los niños son muy listos y se dan cuenta de todo lo que pasa a su alrededor; por más que quieras ocultarlo. Los hijos deben aprender y comprender cómo es el verdadero amor y que independientemente de los problemas entre los padres, ellos los aman por encima de todo.
No haber quedado en los mejores términos con tu expareja no es justificación para no ser un buen padre. Es decir, que cualquiera que hayan sido los motivos que los llevaron a separarse, no tiene por qué afectar en la relación de cada uno con sus hijos.

Es preferible que los niños vean a sus padres siendo felices, cada uno por su lado, que verlos juntos e infelices. Divorciarse no implica convertirse en enemigos de la expareja y mucho menos de los hijos. Si ambos se mantienen como amigos por el bienestar de los niños, ellos podrán pasar tiempo de calidad con ambas partes y crecer en un ambiente sano, tranquilo y amoroso.
Aunque ya no haya amor romántico, sigue existiendo una relación a través de los hijos, pues es un lazo que los unirá toda la vida. Por eso, lo mejor que se puede hacer es mantener una relación respetuosa y madura con el padre o la madre de tus hijos ya que, no hay nada más importante que criar a los niños en un ambiente sano, amoroso y compasivo.